Testigo desde un espejo

Eran las ocho de la mañana, un lunes de enero de 2015. La noche aún permanecía en las calles de París. Tintín, un joven que trabajaba en una conocida empresa periodística parisiense, estaba diseñando la portada del número de esta semana. Este llevaba tiempo recibiendo amenazas por parte de un grupo terrorista debido a que publicó y reveló su mayor secreto. Aún así, Tintín era un tipo muy valiente y desconfiado, de aquellos que creen que todo les pasa a los demás excepto a él y es por eso que no temía. De repente, una llamada telefónica le hizo levantar para buscar unos documentos en el armario del pasillo.

Fue en ese preciso momento, cuando un ruido estentóreo cogió desprevenidos a todos los periodistas. Tras un par de intentos fallidos, Darth Vader y el temido Lord Voldemort habían logrado entrar por la puerta trasera del edificio. En pocos minutos arrasaron todo lo que se encontraron por delante. Primeramente, se encontraron con el Señor Kant Brockman, director de la revista.

-¡Ni se le ocurra dar un paso más! -gritó Lord al ver que Kant intentaba huir.

Kant, lloroso y muy atemorizado, se giró y con la voz temblorosa contestó:

-Marcháos por favor… Os lo pido por favor… Podéis quedaros todo el dinero…

A pesar de su honestidad, Kant apenas pudo acabar de hablar. Un tiro atravesó su boca. Murió al instante. Fue en cuestión de minutos que acabaron con cinco más de los periodistas. Y en cosa de una hora no dejaron títere con cabeza.

Había pasado tan rápido todo y en un abrir y cerrar de ojos Darth y Lors habían desaparecido. Me chocó cómo en tan poco tiempo había cambiado radicalmente la situación. Se había pasado de una mañana tranquila, escuchando la Sinfonía de Wagner, de fondo, acompañada del ruido del tecleo de los redactores y un penetrante olor de café, a un ambiente frío, sombrío, donde no se oía nada más que sirenas de coches de policía y ambulancias cada vez más cercanas.

Era sin duda el peor episodio que nunca había visto desde que estaba colgado en el fondo del pasillo, desde donde podía ver todos los ángulos de la sala de redacciones.

Autora: Maria Fermin

Profesora: Juana Aran

Institut Jaume Huguet – Valls

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