El niño del pijama verde

Los días en el campo de concentración pasan lentos, lentísimos. Los segundos parecen minutos y los minutos, horas. Shmuel vive
en Auschwitz, lo trajeron con su padre, pero hace días que no sabe nada de él. Mata el tiempo mirando el cielo y contando los pájaros que pasan volando, buscando formas en las nubes, llevando piedras en una carretilla para construirse un escondite secreto. Lo que Shmuel no sabe es que desde el cielo también hay quién se fija en los que viven en la tierra, y desde las nubes blancas alguien se había fijado en él.

-Campanilla, ¿ves a ese niño? -dijo Peter Pan. -Hay algo en su mirada, en esos ojos grises… Parece triste, deberíamos ayudarle.

Y así fue como Peter Pan y Campanilla planearon ir a buscar al niño para llevárselo a ver todas las maravillosas del mundo. Cuando llegó la noche, salieron de la cabaña del árbol y volando y volando llegaron al campo.

Shmuel estaba durmiendo. De repente oyó un sonido mágico, como de cascabeles llevados por el viento, y se despertó con la voz suave de Peter Pan.

-Chico, levántate. Tienes que ver esto -dijo Peter.

-¿Dónde estoy? Esta no es mi litera y no estoy en mi barracón –dijo Shmuel aún medio dormido. Cuando abrió la puerta de la cabaña, se quedó maravillado -¡Qué bonito! Nunca había visto unos árboles tan altos, ni unas flores tan preciosas, ni un cielo tan azul… ¡Ojalá pudiera despertarme siempre aquí!

-Estás en Nunca Jamás, Shmuel. Una tierra que nunca podrá ser destruída por el corazón frío de los adultos, un lugar para vivir millones de aventuras. Un lugar donde los niños no crecen, un lugar hecho para la libertad y la aventura.

-¿Qué es la libertad, Peter? -preguntó el niño, aún deslumbrado por
aquel mundo tan mágico.

-Ven, agárrate a mi espalda y cierra los ojos.

Peter Pan empezó a volar, a subir más y más con Shmuel flotando en su espalda, abrazándole con todas sus fuerzas. Se paró encima de una roca, muy cerca del mar.

-Abre los ojos. No digas nada, sólo contempla lo que ves. Ahora, deja tu mente en blanco. Tienes que respirar hondo y notar como el viento acaricia tus mejillas. Siente como el mar es todo tuyo, el viento, el cielo…

Los ojos de Shmuel cambiaron de color y volvió a sonreír. Nunca había visto el mar, nunca había imaginado que pudiera existir un lugar tan bonito. Pasaron mucho tiempo contemplando las olas azul marino, la espuma brillante, haciendo rebotar piedras en el agua para ver quién llegaba más lejos… Cuando de repente, Peter dijo:

-Shmuel, creo que estás triste y me gustaría ayudarte. ¿Puedo hacer algo por ti?

-La verdad es que estoy muy preocupado. Echo de menos a mi padre. La última vez que lo vi, no parecía estar muy contento. Me gustaría poder abrazarle, pero lo he buscado por todas partes y no hay ni rastro de él. Además, no me gusta vivir en el campo de concentración, quiero volver a mi casa, quiero ver a mis amigos y jugar con ellos.

-Los niños perdidos y yo a veces jugamos al escondite. Podríamos ayudarte a buscar a tu padre. Si quieres, cuando lo encontremos, ¡podéis venir los dos a vivir aquí con nosotros!

A Shmuel le pareció muy buena idea, pero antes de regresar al campo, Peter quería llevarlo a otro lugar.

-Shmuel, quiero enseñarte algo. Sube otra vez a mi espalda y agárrate bien fuerte.

Peter Pan echó a volar, dejaron atrás el mar, las flores, los árboles, la tierra húmeda del bosque y llegaron a la cima de una nube esponjosa, suave, de un color rosado, y se tumbaron. Desde allí, se veía todo tan pequeño que parecía de juguete.

-Es impresionante, Peter. Nunca había imaginado que mis ojos pudieran ver algo semejante. Esto no se parece ni de lejos al campo. Allí todo el mundo está triste, la felicidad está prohibida, la libertad no existe, todo es gris y todo el mundo tiene miedo. Los soldados me miran con desprecio y se ríen de mí, y los niños nunca quieren jugar porque prefieren esconderse.

-Shmuel, las personas crecen, se hacen mayores. Ven cosas preciosas a lo largo de sus vidas, pero también ven cosas horribles. La vida es como un camino muy largo, lleno de piedras, y al crecer, la gente tropieza, se borra la sonrisa de su rostro y ya no vuelve a ver la vida como la aventura maravillosa que es. Por eso te he traído aquí, porque tienes que ver que si quieres volar y quieres llegar hasta las nubes, puedes hacerlo, si quieres observar el mar durante horas, puedes. Sólo tienes que desearlo con todas tus fuerzas. Por eso, debes aprovechar tu infancia y disfrutar de lo maravilloso que es ser niño.

Cuando Peter Pan terminó de hablar, de repente desapareció el mar, desapareció la cabaña del árbol, desapareció el bosque, las nubes, todo… Shmuel se encontró tendido en el colchón de su litera, donde se oía la respiración de gente como él, durmiendo. Un soldado entró por la puerta del barracón y, gritando muy fuerte, dijo:

-¡Rápido, rápido, todos en fila, tenéis que ducharos! ¡Rápido!

Autora: Alba Foguet

Profesora: Juana Aran

Institut Jaume Huguet – Valls

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